Me llamo Jessica (ella/él), y me diagnosticaron cáncer de recto a los 29 años. En febrero de 2023, me hice unas pruebas genéticas que mostraron una mutación genética llamada síndrome de Lynch (PMS2). El asesor genético me recomendó que me hiciera la primera colonoscopia a los 30 años. Pero en el verano de 2023, empecé a experimentar síntomas. Vi a mi médico de cabecera y me dijo que creía que era SII, pero que podía ir a ver a un gastroenterólogo. Recuerdo vívidamente terminar la videollamada y decir en voz alta «al menos no cree que sea cáncer». Cuando fui al gastroenterólogo en noviembre, mis síntomas habían empeorado mucho y sabía que algo no iba bien. En la consulta, también dijo que creía que podía ser SII, a pesar de que tenía síntomas como estreñimiento y sangre en las heces, y de que sabía que tenía Lynch. Me opuse y pedí que me hicieran una colonoscopia de referencia para estar segura. El gastroenterólogo me hizo la colonoscopia en enero de 2024 y me encontró una masa de 6 cm en el recto. Su respuesta al mostrarme las imágenes fue «¡al menos lo hicimos pronto!».

Debido al síndrome de Lynch, mi masa tenía el biomarcador de reparación de emparejamientos erróneos deficiente. Esto cambió todo lo que pensaba que sería el cáncer para mí. En lugar de quimioterapia, radioterapia y cirugía, las directrices recomendaban 6 meses de inmunoterapia. Mi oncólogo de California siguió el ensayo clínico realizado en el Memorial Sloan Kettering de Nueva York, que tenía una tasa de éxito del 100% utilizando el fármaco Jemperli (dostarlamab). Tras sólo 3 meses de infusiones, mi masa había desaparecido. Terminamos las infusiones restantes y me declararon NED en septiembre de 2024.

La inmunoterapia desafió todo lo que alguna vez pensé que podía ser el cáncer. Aunque viva con el miedo persistente a que mi cuerpo no me proteja debido al síndrome de Lynch, también vivo con el objetivo de dar la vuelta a las ideas de los demás sobre cómo debería ser el cáncer. El cáncer me ha enseñado muchas cosas, pero hay una que se ha vuelto tan importante que la he convertido en mi misión personal… capacitar a los adultos jóvenes para que aboguen por sí mismos en el espacio médico.

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