Karen Desjardins, de 69 años, ha sobrevivido a cuatro tipos diferentes de cáncer. Le diagnosticaron cáncer de mama a los 36 años, cáncer de colon a los 44, cáncer de ovario a los 47, una recidiva del cáncer de ovario a los 49, cáncer de mama (primario, no una recidiva del primero) a los 53 y cáncer de mama metastásico a los 65.
Después de que le diagnosticaran su tercer cáncer, Karen se hizo unas pruebas genéticas y descubrió que es portadora de la mutación del gen BRCA-1, lo que aumenta considerablemente el riesgo de padecer cáncer.
Karen se casó a los 34 años y tanto ella como su marido querían tener hijos enseguida, pero sufrió un aborto espontáneo y, poco después, le diagnosticaron cáncer de mama.
Durante más de 10 años, como su médico le aconsejó que no se quedara embarazada para evitar una recaída, Karen y su marido tuvieron que usar métodos anticonceptivos, a pesar de que deseaban desesperadamente tener hijos. Debido a los efectos del estrógeno en el cáncer de mama, no podía tomar la píldora anticonceptiva.
Tras superar un cáncer de mama, Karen y su marido tomaron la difícil decisión de no tener hijos por vía natural y optaron por la adopción, primero en Brasil (lo que acabó en un fracaso) y luego en China, en dos ocasiones (ambas adopciones se cancelaron debido a nuevos diagnósticos).
Karen estaba triste, enfadada y frustrada, pero al final ella y su marido encontraron paz, consuelo y un sentido de familia el uno en el otro y en los hijos que han llegado a sus vidas.
Karen cuenta su historia para animar a otros jóvenes supervivientes a que vean que hay formas de superar los retos que plantea formar una familia, seguir encontrando alegría en lugares inesperados y disfrutar de las bendiciones que la vida tiene para ofrecer.
P: ¿Fuiste tú o tu equipo médico quien planteó la idea de preservar la fertilidad?
R: Cuando me diagnosticaron mi primer cáncer hace más de 30 años, la preservación de la fertilidad aún no era una opción clínica disponible para los pacientes con cáncer.
En teoría, podría haber intentado tener un hijo después de haber tenido cáncer de mama, pero conocía a algunas mujeres que dieron a luz tras haber padecido cáncer de mama y fallecieron dejando atrás bebés o niños pequeños.
Me casé a los 34 años. Me diagnosticaron la enfermedad a los 36, así que incluso en mis grupos de apoyo ya había mujeres más jóvenes que tenían hijos.
En aquel momento, mi médico no nos apoyaba a mi marido y a mí en nuestro intento de tener un hijo tras mi tratamiento contra el cáncer de mama. Entiendo que prefiriera pecar de precavido.
Ahora estamos en una situación mejor. Sabemos más sobre el cáncer de mama y las mujeres están tomando las riendas de su cuerpo. Dependiendo de su diagnóstico, las mujeres pueden tener hijos después de haber padecido cáncer de mama. Ahora se habla abiertamente de los problemas de fertilidad.
Tener hijos es un deseo humano básico. He estado en grupos de apoyo en los que hay mujeres que están pasando por la quimioterapia y lo están pasando mal, y me han dicho: «Solo estoy aguantando esto por mis hijos». Eso siempre me ha hecho pensar: «Vaya, me estoy perdiendo lo mejor que hay».
P: ¿En qué momento o cuánto tiempo después del tratamiento empezaste a pensar y a hablar sobre la adopción?
R: Poco después del tratamiento, mi marido y yo decidimos que la adopción sería la mejor forma de formar nuestra familia.Encontramos una pequeña agencia que se dedicaba a buscar hogares para niños de Brasil. Los niños que intentamos adoptar tenían 3 y 6 años. Debido a nuestra experiencia en Brasil, donde los niños tenían un trastorno grave de apego, decidimos adoptar en China, donde los niños que se podían adoptar tenían 1 o 2 años.
P: ¿Tuviste que revelar que eras una superviviente de cáncer como parte de los trámites de adopción en Brasil y China?
R: Sí. Pero a las agencias les gustó que quisiéramos adoptar niños, así que esa información no supuso ningún obstáculo a la hora de presentar la solicitud y que nos aceptaran para la adopción.Puede que esto ya no sea así en las adopciones internacionales de hoy en día, ya que ahora algunos países no permiten que las personas con ciertas enfermedades crónicas (como el cáncer) adopten a sus hijos, o pueden exigir que la persona lleve un cierto número de años en remisión, entre otros requisitos. Los trabajadores sociales especializados en adopciones están al día de las políticas de adopción internacional y son un buen recurso para orientarte en este tema.
P: ¿Cómo fueron vuestras experiencias con la adopción en China?
R: Entre los 36 y los 44 años, me iba de maravilla y me sentía genial. El Gobierno chino sabía que era una superviviente de cáncer de mama, y no les supuso ningún problema.Mi marido y yo estábamos listos para irnos con un grupo a China a recoger a nuestro bebé.
Pero entonces me diagnosticaron cáncer de colon, y la agencia nos dijo que no podíamos adoptar porque me iban a someter a tratamiento y a una operación.
Me salté una sesión de quimio porque estaba muy alterada y lloraba a lágrima viva después de enterarnos de que se había cancelado la adopción.
Ya estábamos pasando por el dolor de no haber tenido hijos biológicos. Después, pasamos por el dolor de perder a los niños brasileños. Y ahora nos han dicho que no podemos seguir adelante con la adopción de China.
Mi cáncer estaba en estadio II. Me recuperé y me encontraba bien. La agencia de adopción nos dijo que esperáramos dos años, así que eso hicimos.
Dos años después, ya estábamos listos. Había un grupo que se iba a Guangzhou. Asistimos a reuniones sobre cultura y aprendimos cosas sobre la comida. Estábamos contentos y con muchas ganas de ser por fin padres. La agencia nos apoyó muchísimo.
Estábamos conociendo a otros futuros padres y esperando a que nos llegara por correo la foto de la niña. Ya le habíamos puesto un nombre y le habíamos comprado ropa.
Pero unas semanas antes de viajar a China, me diagnosticaron cáncer de ovario.
En el fondo, cuando estaba ingresada en el hospital tras mi histerectomía total (me extirparon todos los órganos internos femeninos), sabía que no podríamos adoptar. No dejaba que nadie viniera a verme. Estaba destrozada.
Mi marido es una persona positiva. Me dijo que podríamos volver a intentarlo.
Pero cuando nos pusimos en contacto con la agencia, nos pidieron que fuéramos a Boston. Nos reunimos con la directora de la agencia. Se mostró muy comprensiva, pero nos dijo que mi riesgo de volver a tener cáncer era demasiado alto y que no podían permitir que fuera la madre de un niño que ya había perdido a su madre biológica.
P: ¿Cómo conseguiste dejar atrás la tristeza y la rabia para llegar a un punto de paz y aceptación en tu vida?
R: Me enfadé muchísimo cuando sufrí un aborto espontáneo y, cinco meses después, me diagnosticaron cáncer. Me enfadé cuando me dijeron que no podría tener hijos.
Hice agujeros en la pared. Rompí una vajilla. Estaba que echaba humo.
A veces me sentía muy triste.
Me costaba estar con amigos que tenían hijos. Sentía envidia, pero al fin y al cabo eran mis amigos. Teníamos pensado tener hijos y no podía imaginarme una vida sin ellos.
Hace unos 10 años, cuando tenía casi 60, invité a unas amigas a cenar y les dije: «Vale, chicas, voy a ir pasando por todas y quiero que respondáis con sinceridad. Si un bebé cayera del cielo y aterrizara en tu regazo, ¿te quedarías con él? Lo criarías. Serías su madre a tiempo completo».
Alguien dijo: «Sí». Otro dijo: «Ni hablar. Ya lo he hecho. He cambiado demasiados pañales».
Me di cuenta de que estaba diciendo: «No». Eso fue una señal clara de que había cruzado un umbral.
Cuando acepté que no iba a tener hijos, la rabia simplemente se esfumó. Ya no estoy enfadada. A veces sí que me entristece, porque tengo la edad en la que ya podría haber sido abuela.
Cuando tenía 36 años, la cosa era diferente. No conocía a nadie más en mi misma situación que hubiera sufrido un aborto espontáneo, adoptaciones fallidas y varios cánceres. Me sentía muy sola.
He conocido a un montón de supervivientes de cáncer. He estado en un montón de grupos de apoyo. He perdido a un montón de amigos. He participado en un montón de campañas de concienciación sobre el cáncer. Todo eso me ha hecho darme cuenta de que no estoy sola. Todo el mundo pasa por momentos difíciles en la vida.
Veo que todo el mundo tiene problemas. Ya sea porque hayan perdido a su pareja, a un hijo o a un padre: la vida no es fácil.
Esto te ayuda a dejar atrás la ira y a llegar a la aceptación.
Ahora, me alegro de estar viva y de poder disfrutar de los bebés y los niños de los demás. Cuando tengo la oportunidad de estar con niños, me encanta pasar tiempo con ellos.
P: ¿Qué hiciste con ese instinto maternal que tenías?
R: Mi hermano tiene dos hijas, y cuando eran más pequeñas pasaban tiempo con nosotros en verano. Ahora tienen casi treinta años. Siguen organizando salidas con nosotros, y eso nos hace mucha ilusión. Formo parte de sus vidas. Su madre es muy amable al dejarnos participar.Pasar tiempo con ellos me llena el corazón de alegría.
Yo también fui monitora de las Girl Scouts en mi pueblo durante muchos años. Como monitora de las Brownie, hacía manualidades con las niñas y les ayudaba a aprender habilidades para la vida. Nos íbamos de acampada. Trabajar con ellas me llenaba el corazón. Ser monitora de las Girl Scouts fue lo mejor que me pudo haber pasado.
Después me diagnosticaron cáncer de mama por segunda vez y tuve que someterme al tratamiento. La quimio fue dura, y ser líder de las Girl Scouts era demasiado para mí. Tuve que dejarlo. No dijimos que mi cáncer fuera la razón por la que me fui, porque no queríamos preocupar a las chicas.
Me apunté a Saratoga Mentoring, una organización parecida a Big Brother/Big Sister, y pedí que me emparejaran con Caitlin, una chica de 13 años de mi tropa de Girl Scouts. Durante sus años de secundaria, estuve muy involucrada en la vida de Caitlin.
Caitlin y yo solíamos cocinar en mi casa. Íbamos al cine. Ella venía a casa y me ayudaba a decorar el árbol de Navidad. La Navidad era una época difícil para mí, ya que siempre me imaginaba teniendo una familia. Caitlin tiene ahora 27 años y seguimos yendo a la playa cada verano. Nos mandamos mensajes y seguimos en contacto por las redes sociales.
P: ¿Qué consejo les darías a otros supervivientes de cáncer colorrectal que quizá no hayan tenido la opción de preservar su fertilidad o de adoptar?
R: Hay tantos niños en el mundo que necesitan amor y atención. Me lleno de alegría cuando hablo de mis sobrinas, de mis años como monitora de las Girl Scouts o de ser mentora de Caitlin.Hazte voluntario en tu comunidad. Busca en tu comunidad organizaciones en las que puedas ayudar a niños cuyos padres quizá no se impliquen en su vida. Plantéate la posibilidad de acoger a un niño o de hacerte voluntario de CASA.
Otra opción es pasar tiempo con otras parejas que no tengan hijos. Tenemos bastantes amigos que no tienen hijos.
Nos hemos dado cuenta de que la vida sigue. Hemos descubierto que la vida ofrece un sinfín de oportunidades y experiencias enriquecedoras, incluso sin ser padres.

