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Durante más de cinco décadas, las inversiones federales en investigación sobre el cáncer han ayudado a convertir lo que antes era un diagnóstico terminal en una enfermedad de la que pueden sobrevivir millones de estadounidenses. Hoy en día, más de 18 millones de personas en Estados Unidos son supervivientes de cáncer , casi seis veces más que cuando se firmó la Ley Nacional contra el Cáncer en 1971.
Este extraordinario avance demuestra lo que se puede conseguir cuando se da prioridad a la investigación y los pacientes son el centro de la innovación. Sin embargo, aún nos queda mucho por hacer. Cada año, millones de estadounidenses siguen recibiendo un diagnóstico de cáncer y falleciendo a causa de esta enfermedad.
Las inversiones que impulsan el progreso corren ahora un grave riesgo.
Como líderes de las organizaciones nacionales que representan a los pacientes afectados por los cinco tipos de cáncer más comunes —los que causan el mayor número de muertes relacionadas con el cáncer en EE. UU.: de mama, colorrectal, de pulmón, de páncreas y de próstata— y de los centros oncológicos de nuestro país, sabemos que un apoyo federal sólido y duradero es fundamental para salvar vidas.
La investigación sobre el cáncer no es una partida presupuestaria. Es un cordón salvavidas.
El presupuesto para 2026 que propone el Gobierno incluye una reducción del 40 % en la financiación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y del Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Unos recortes de esta magnitud retrasarían tratamientos que salvan vidas, paralizarían los ensayos clínicos y echarían por tierra el impulso que llevamos décadas construyendo. En los próximos meses, la Cámara de Representantes estudiará el proyecto de ley de asignaciones presupuestarias de la Subcomisión de Trabajo, Salud y Servicios Sociales, Educación y Agencias Relacionadas, que determina los presupuestos de los NIH y el NCI. Instamos a los legisladores a que rechacen estos recortes devastadores y protejan la financiación federal que impulsa los descubrimientos que salvan vidas, la innovación y la esperanza.
Solo este año, más de dos millones de estadounidenses oirán las palabras «tienes cáncer». Aunque las tasas de supervivencia han mejorado en general, la incidencia del cáncer sigue aumentando, sobre todo entre los adultos más jóvenes.
Estudios recientes muestran que, desde 1975, la tasa de cáncer en personas menores de 50 años ha aumentado aproximadamente un 25 %, superando las tasas de incidencia en los adultos mayores. Los jóvenes están experimentando un aumento en las tasas de cáncer colorrectal, de mama, de páncreas y de pulmón, entre otros —una tendencia que se observa no solo en EE. UU., sino en todo el mundo—. Apenas estamos empezando a entender las causas de este aumento en los casos de cáncer, pero una cosa está clara: la investigación es el único camino hacia las respuestas que buscamos.
Gracias a los avances financiados por los NIH, los cánceres que antes eran mortales ahora se tratan con mayor eficacia. Las inmunoterapias aprovechan las propias defensas del cuerpo para combatir el cáncer. Los avances en medicina de precisión permiten asignar a los pacientes tratamientos adaptados a sus tumores. Las herramientas de detección precoz, como las biopsias líquidas, ayudan a diagnosticar el cáncer cuando es más fácil de tratar. Cada día se hacen nuevos descubrimientos increíbles y hay muchos más en el horizonte.
Ahora no es momento de echarse atrás.
Cuando se recortan los fondos, o incluso cuando solo se amenaza con hacerlo, la investigación se ralentiza. Se suspenden los ensayos clínicos. Se dejan de lado proyectos científicos prometedores. Y los pacientes —personas de carne y hueso con familias, amigos y comunidades reales— se enfrentan a más obstáculos a la hora de acceder a los tratamientos que podrían salvarles la vida o alargar su esperanza de vida.
Lo sabemos porque los pacientes nos lo cuentan cada día. Buscan respuestas. Acceso. Tiempo. No necesitan juegos políticos. Necesitan avances.
Instamos al Congreso a que rechace estos peligrosos recortes y reafirme el compromiso de Estados Unidos con la lucha contra el cáncer. Por los millones de estadounidenses que viven con cáncer, que corren el riesgo de padecerlo o a los que se les acaba de diagnosticar, tenemos que seguir avanzando. Hay vidas que dependen de ello.
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