Las reflexiones de Anjee sobre el Mes de los Supervivientes de Cáncer

anjee-momEl diccionario define «superviviente» como «una persona que sabe afrontar bien las dificultades de la vida». Eres un superviviente desde el momento en que te diagnostican. Cada experiencia personal con el cáncer es única y, a la vez, incomparablemente dura.

Me diagnosticaron cáncer de mama el 4 de febrero de 2020. En ese momento no me sentía como una superviviente, ni antes ni después de la operación, ni durante el tratamiento. La verdad es que no creo que lo estuviera llevando muy bien. De hecho, me costó un buen rato recomponerme. Y no me refiero a «unas horas». Me refiero a varios meses. Tras varias tomografías y operaciones, ya no tengo cáncer.

Dos años después, cuando por fin sentía que ya había superado en gran parte el trauma de mi diagnóstico de cáncer —porque nunca se supera del todo—, mi hermano y yo tuvimos que decirle a mi madre que tenía cáncer. Volvió a invadirme una oleada de emociones, y toda nuestra familia se vio afectada a nivel físico, emocional, espiritual y social.

Como familia, el cáncer nos afectó física, emocional y socialmente. Todos tuvimos momentos en los que luchamos con todas nuestras fuerzas para superar el miedo al cáncer, porque sabíamos que teníamos que seguir adelante. Algunos días nos sentíamos como si estuviéramos atascados en las huellas de las ruedas y diéramos vueltas en círculo. Pero no pasaba nada. Puede que esos días no avanzáramos, pero desde luego tampoco retrocedimos. Hay días en los que no pasa nada por quedarte donde estás.

La vida tras el cáncer y no perder nunca la esperanza

Seguir adelante tras un diagnóstico de cáncer es todo un proceso: cada día, cada mes y cada año es diferente, con miedos que no tenías antes del diagnóstico, pero con los que ahora te despiertas cada mañana. Pero estoy decidida a redefinir mi propia historia de esperanza como paciente y cuidadora. Hay un dicho en el Tíbet que dice: «La tragedia debe utilizarse como fuente de fuerza». No importa qué tipo de dificultades tengamos que soportar, ni lo dolorosa que sea la experiencia, si perdemos la esperanza, ahí está nuestro verdadero desastre. Parte de vivir como superviviente de cáncer consiste en no perder nunca la esperanza.

Ahora mismo, mi objetivo es cumplir cinco años sin cáncer. Hasta entonces, voy a disfrutar de todos los colores de la vida y a aceptarla tal y como es, incluso con sus defectos. Cada día elijo aferrarme a la esperanza, porque lo que he aprendido es que la esperanza es un regalo que te creas tú mismo. La esperanza es esa tenacidad y esa determinación que llevas dentro y que te hace seguir luchando. La esperanza te empuja a seguir adelante. Hay días en los que no me apetece ni levantarme de la cama, y es entonces cuando la esperanza me dice que tengo que seguir adelante. Hace dos años, encontré una pequeña semilla de esperanza y la compartí con mi familia. Esa semilla ha crecido gracias al amor y el apoyo de amigos, compañeros supervivientes y familiares. Se necesita tiempo y una comunidad para que florezca. Ese es el milagro de la esperanza.

Puede que algunos de vosotros estéis en plena lucha contra la enfermedad y luchando por recuperaros. Puede que te sientas asqueado, desanimado y frustrado. Puede que estés furioso porque no quieres ser fuerte ni quieres luchar, y porque no te parece justo que esta batalla sea precisamente la tuya. No es fácil; y no es igual para todo el mundo. Pero cuando te tomas un respiro y te das cuenta de que así son las cosas, puedes elegir encontrar esa semilla de esperanza —y aunque te parezca que está enterrada, te aseguro que está dentro de ti— y compartirla con las personas que te apoyan y te quieren. Se necesita dedicación y esfuerzo para cultivar esa semilla de esperanza. Algunos días, esa semilla de esperanza puede ser simplemente levantarte de la cama y empezar el día. Compartir una sonrisa con alguien durante la quimio puede darle la esperanza que necesitaba desesperadamente ese día. Contarle tu historia a otro superviviente y daros un abrazo puede dar esperanza a alguien cuando más la necesita y recordarte que debes seguir adelante.

Como supervivientes de cáncer y como cuidadores, nos une un vínculo especial. Todos sabemos lo que es mirar a los ojos a alguien que se ha mostrado incansable y nunca se ha rendido, y sentir la gratitud que te da el poder de la esperanza.

Celebra este mes con tu gente —tu tribu—, tu familia y tu comunidad. No pierdas nunca la esperanza y no olvides nunca que nos inspiras a seguir adelante.

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