Mi hermano tenía dolores y estuvo sangrando durante mucho tiempo por el recto. Como éramos de Ecuador, le daba vergüenza decir algo a la familia. Un día decidió ir al médico, y el médico le dijo a mi hermano que tenía un tumor dentro del intestino grueso.

Como su hermana, me llamó desde el hospital. Le saqué de aquel hospital y le llevé al Memorial Sloan Kettering, y fue entonces cuando nuestra pesadilla se hizo realidad, y cuando me convertí en su defensora.