En 2006, poco después de comer con unos amigos, a mi padre empezó a dolerle el estómago. Por la tarde, fue a urgencias. Los médicos pensaron que era diverticulitis, pero cuando le estaban operando, se le paró el corazón. Le trasladaron a un hospital más grande, donde le diagnosticaron cáncer de colon y un shock séptico.

El cáncer le había devorado los intestinos. Sus médicos lucharon mucho por su vida. Nunca volvió a hablar ni a ser consciente, pero sé que luchó. 21 días después, tras repetidas operaciones, derrames cerebrales y un ataque al corazón, los médicos dijeron que la lucha había terminado. 21 días, casi a la hora, desde su primer síntoma, le retiraron el soporte vital. Una lágrima rodó por su mejilla, emitió unos ronquidos adorables (el 1er sonido que había emitido en 21 días) y se fue.

Era el mejor papá. Le echamos mucho de menos.

Conéctate conKaren