Mi gastroenterólogo me diagnosticó erróneamente durante muchos meses, diciéndome que sólo estaba estresada, emocional y obesa. Ordenó varias pruebas para confirmar su diagnóstico erróneo de síndrome del intestino irritable (SII).

Todo se debió a que no pude completar la preparación para una colonoscopia. En vez de hacerme un examen, básicamente me acusó de ser un bebé con la preparación. Finalmente, la única prueba que quedaba por hacer era una colonoscopia, ya que se negaba a hacer un examen, a pesar de que mis síntomas indicaban que era necesario. Luché durante la agonizante preparación y me sometí a la colonoscopia.

Cuando salí de la anestesia, llamaron a mi marido y el médico me informó de que no había podido hacerme la colonoscopia porque no podía introducir el endoscopio más de cinco centímetros, ya que estaba completamente bloqueada por un tumor. Me dijo: ‘Tienes una obstrucción. Es cáncer’. Y se quedó mirándome.

Al final le dije: ‘¿Así que me estoy muriendo? Y me dijo: ‘Los tratamientos son mucho mejores hoy en día. ¿Por qué no me dijiste lo de la hemorragia? Seguro que la preparación te causó molestias’. (No tuve ninguna hemorragia, pero la preparación fue insoportable) y nos mandó de vuelta. Varios días después, un oncólogo me diagnosticó cáncer de recto en estadio III.

No te demores. Si tu médico no parece dispuesto a examinarte o a escucharte, ¡busca otro médico! No ignores ni siquiera los síntomas más leves. Si te adoptaron y no conoces tu historial médico, da por sentado que hay cáncer en tu historial y hazte las pruebas de detección tan pronto como puedas.

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