La vida antes de la CDN era ajetreada como joven madre de 33 años con dos hijos pequeños. Aparte de criar a los niños y de los retos rutinarios de la vida, ésta era relativamente despreocupada. Mi marido y yo trabajábamos a tiempo completo y nos ganábamos bien la vida. Estábamos en proceso de liberarnos de las deudas con la esperanza de comprar una nueva casa para que crecieran nuestros hijos.

Nuestra despreocupada vida cambió radicalmente en diciembre de 2018. Durante años había experimentado sangre en las heces y otros síntomas, pero tras acudir a varios médicos, me aseguraron que la sangre esporádica se debía a hemorroides. Sin antecedentes familiares de CCR y habiendo tenido hijos, las hemorroides tenían más sentido.

Pero en diciembre de 2018 las cosas cambiaron. Empecé a sentir hinchazón que no coincidía con mi ciclo menstrual. Tomé la decisión de acudir a urgencias. En urgencias me recetaron antibióticos. El médico me dijo que probablemente la causa de la hinchazón era una infección intestinal. Descontenta con la explicación del médico, decidí visitar a mi médico de cabecera un par de días después. Mi médico de cabecera estuvo de acuerdo en que podía tratarse de una infección, pero decidió enviarme a urgencias para descartar una apendicitis. En urgencias, un TAC confirmó que tenía un engrosamiento en el colon y una microperforación. Me ingresaron para tratar la perforación y me dijeron que tenía que ver a un gastroenterólogo cuando me dieran el alta. Nunca llegué a ver a un gastroenterólogo.

Estuve entrando y saliendo de urgencias ese diciembre y hasta enero de 2019. La tercera hospitalización condujo a mi diagnóstico. Llegué con fuertes dolores: resultó que estaba séptica. La perforación no cicatrizaba y la infección empeoraba. El cirujano gastrointestinal del hospital local tomó la decisión de hacerme una colectomía. Mencionó que podía ser cáncer y que había algo sospechoso en el hígado, pero que lo comprobarían cuando me extirparan parte del colon. Aún recuerdo que ni siquiera pensé en el cáncer: no podía ser. Una semana después de aquella colectomía de urgencia, el cirujano gastrointestinal vino a mi habitación del hospital y me dio la noticia. «Tienes un cáncer de colon en estadio 4 que se ha extendido al hígado. Con tratamiento puedes vivir entre 2 y 5 años. Nuestro primer objetivo es empezar a darte quimio».

Recuerdo que pensé que teníamos que hacer algo al respecto lo antes posible. Necesitaba vivir por mis hijos y mi marido. 101 quimioterapias después, sigo esforzándome por vivir por ellos y por mí. Comparto mi historia para que los jóvenes sepan que esta enfermedad no discrimina. Conoce los síntomas. Defiéndete y, si algo no te parece bien, mira bien: no lo es y persiste hasta que tengas respuestas.

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