En mayo de 2018, empecé a tener dolor en el costado derecho. Mi médico de cabecera pensó que tal vez fueran gases, o posiblemente un problema de vesícula biliar, o algo relacionado. Me hicieron una ecografía, pero no encontraron nada. Me pidieron una resonancia magnética, que me hicieron en junio de 2018. Tras esperar los resultados durante dos semanas, me puse en contacto con mi médico de cabecera para preguntarle si habían averiguado algo. Me devolvieron la llamada unas horas más tarde y me dijeron que habían encontrado algo, pero que querían hacerme un TAC para verificarlo. Me hicieron el escáner a principios de julio, todo el tiempo pensando que no era nada grave. Después del TAC, recibí una llamada inesperada de una consulta de gastroenterología para concertar una cita. Me sorprendió, pero acepté.

En la cita, que fue a finales de julio, me dijeron que podía ser cáncer. Mi mujer estaba conmigo. Programamos una colonoscopia, que tuvo lugar el 1 de agosto de 2018, y comprobamos que tenía cáncer de colon en estadio IV. Mi mujer y mi madre estaban conmigo cuando recibimos la noticia. La tomografía computarizada también había mostrado que tenía tres grandes masas cancerosas en el hígado (de 10,6 cm, 9,6 cm y 4,8 cm de largo), que era de donde procedía el dolor original.

El mejor tratamiento es la detección precoz. Cuanto antes, mejor.