En julio de 2015, a la edad de 27 años, a mi hermano mayor le diagnosticaron cáncer de colon en estadio 4, sin signos ni síntomas previos. Mi hermano se hizo pruebas genéticas y mostraron que tenía mutaciones en una copia del gen MLH1.

Falleció tras 6 meses luchando contra el cáncer, unas semanas después de cumplir 28 años y 2 días después de Navidad.

Ese mismo año, a los 23 años, descubrí mediante un cribado genético que tenía una mutación genética en el gen MLH1, lo que significa que tengo el síndrome de Lynch (síndrome de cáncer colorrectal hereditario no polipósico).

Para mí es importante ser Embajadora de Fight CRC porque quiero cambiar la forma en que los demás ven el Cáncer Colorrectal. Como cuidadora de mi hermano, en ese momento había tantas cosas que no sabía ni comprendía, y mirando atrás ahora desearía haber conocido Fight CRC. La cantidad de compasión y atención que cada embajador me mostró a mí y a mi primera Llamada al Congreso me cambió la vida de forma asombrosa.

Como embajadora, puedo hacer mucho más con un ejército de personas entregadas que conocen y comprenden todo el aspecto de lo que significa LUCHAR. Ser embajadora significa el mundo para mí y me da la oportunidad de cambiar el futuro de generaciones de personas que tienen antecedentes familiares de cáncer colorrectal, así como una mutación genética como el síndrome de Lynch. Puedo abrir puertas a otras personas de mi comunidad y de todo el mundo que les capacitarán, habilitarán, equiparán y animarán para el viaje que tienen por delante y en el que se encuentran actualmente.

Quiero seguir concienciando a la vez que honro a mi hermano y muestro a mi familia que el cáncer colorrectal no tiene por qué ser el final de su historia. El impacto de la sensibilización no se detiene porque perdamos a seres queridos en el camino. Definitivamente queda un largo camino por recorrer, y tenemos más pasos que dar, y aunque puede ser una batalla cuesta arriba.

Conéctate conZakela