3 señales de agotamiento del cuidador

Como psicólogo especializado en catástrofes, oigo mucho estos dos términos: «fatiga por compasión» y «agotamiento». Cuando ocurre una catástrofe —ya sea un tornado, un huracán o un incendio forestal—, suele haber un grupo de personas que acuden rápidamente a ayudar. Normalmente, son personas bien formadas, comprometidas y de confianza. Cuando formo a profesionales de la ayuda, les recuerdo: «Recordad que no sois superhumanos».

Cuando me convertí en superviviente de un cáncer colorrectal en estadio IV, me di cuenta de que la comunidad de pacientes con cáncer tenía mucho en común con la comunidad de personas afectadas por desastres. Cuando me convertí en mi propio «desastre andante», me fijé en la cantidad de personas que me apoyaban: enfermeras, médicos, familia y amigos. Tuve que recordar lo que había aprendido en mis investigaciones y mi formación: que nadie tiene la capacidad ilimitada para satisfacer todas mis necesidades.

Cuando nos enfrentamos a una situación en la que las exigencias para el cuerpo, la mente y el corazón superan nuestros recursos, y esa situación se prolonga durante mucho tiempo, corremos un riesgo importante de sufrir agotamiento. Esto es así en el trabajo en situaciones de catástrofe, y también lo es en el ámbito del cáncer.

¿Qué es el agotamiento en los cuidadores?

Los cuidadores tienen que lidiar con exigencias físicas, mentales, emocionales y espirituales que les afectan mucho. Si los cuidadores no se cuidan a sí mismos, puede que les cueste ofrecer los cuidados que quieren dar.

El agotamiento es un estado en el que una persona llega a un punto de agotamiento físico, emocional y espiritual debido a que ya no puede hacer frente a su entorno; se produce cuando las exigencias percibidas superan a los recursos percibidos.

Para los profesionales de la asistencia, como los que trabajan en enfermería y otros puestos sanitarios, sufrir agotamiento puede provocar una sensación de sobrecarga y estrés, lo que a su vez puede llevar al desánimo, a cambios profesionales, a faltar al trabajo e incluso a buscar una nueva vocación en la vida. Para la familia y los amigos, el agotamiento del cuidador puede provocar sentimientos de culpa, vergüenza o resentimiento, o hacer que se menosprecie el sentido de logro personal.

Sea cual sea el papel que desempeñe un cuidador, el agotamiento puede provocar que se sienta cansado, sin fuerzas, abrumado e irritable.

Cómo detectar los síntomas del agotamiento

No es fácil saber cuándo hay que tomarse un respiro de las tareas de ayuda, sobre todo cuando sientes que la vida de alguien es tu responsabilidad. Las necesidades de los supervivientes pueden tener prioridad sobre todas las demás responsabilidades —incluido el cuidado de uno mismo—, pero cuando esto ocurre, es muy probable que los cuidadores acaben agotados y pierdan la capacidad de cuidar de los demás.

Nadie se dedica al cuidado de otras personas con la esperanza de acabar agotado y dejarlo. Ser un defensor incansable de la esperanza como cuidador implica reconocer, prevenir y tratar el agotamiento como una afección, y desarrollar estrategias para afrontarlo de forma saludable.

Qué hacer si te sientes agotado por cuidar a alguien

Debes recordar que no hay una única forma «correcta» de abordar el agotamiento del cuidador. El agotamiento es un problema real que hay que tratar. Los terapeutas, los trabajadores sociales, los líderes religiosos y otros profesionales de la salud mental pueden ayudar a los cuidadores que sufren agotamiento. La persona más importante que debe abordar el agotamiento es el propio cuidador. Los cuidadores deben recordar que cuidar de los demás implica cuidarse a uno mismo.

Echa un vistazo a mis consejos prácticos para hacer frente al agotamiento.

Jamie Aten, doctor en Psicología de Orientación, es un superviviente del huracán Katrina y de un cáncer colorrectal en estadio IV. Es el fundador y director ejecutivo del Humanitarian Disaster Institute y ocupa la Cátedra Blanchard de Liderazgo Humanitario y en Situaciones de Desastre en el Wheaton College (Wheaton, Illinois). Su último libro se titula *A Walking Disaster: What Katrina and Cancer Taught Me About Faith and Resilience* (Un desastre andante: lo que el Katrina y el cáncer me enseñaron sobre la fe y la resiliencia). En 2016 recibió el premio «Campeón de la Preparación Comunitaria» de la FEMA en la Casa Blanca. Síguelo en Twitter en @drjamieaten o visita su página web jamieaten.com.

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