Ashley formó una familia gracias a la fecundación in vitro

En 2011, a los 24 años, a Ashley Flynn le diagnosticaron un cáncer de recto en estadio III. Durante los tres años anteriores al diagnóstico, había tenido sangrado rectal y había acudido a varios médicos para averiguar la causa y encontrar una solución.

Todos estos profesionales le dijeron que podía ser estreñimiento, fisuras o hemorroides. Ashley probó cremas y los remedios que le recomendaron, pero ninguno le alivió ni le solucionó el sangrado.

Después de mudarse a una nueva ciudad y empezar a ir al médico allí, el médico de Ashley le sugirió que probara MiraLAX® durante dos semanas. Como la hemorragia no paraba, el médico de Ashley le recomendó una colonoscopia, en la que los médicos descubrieron un tumor grande en el recto.

Su equipo médico le recomendó que se sometiera a un tratamiento de preservación de la fertilidad de inmediato, y Ashley lo hizo antes de empezar el tratamiento. Hoy en día, está en remisión.

Ashley comparte su experiencia con la preservación de la fertilidad para ayudar a otras pacientes jóvenes a las que se les ha diagnosticado cáncer colorrectal a mantener la esperanza de ser madres.

P: ¿Fuiste tú o tu equipo médico quien planteó la idea de preservar la fertilidad?

R: Mi equipo médico me habló del tema de la preservación de la fertilidad. En aquel momento, fue otra fuente de confusión más, cuando lo único que quería era sobrevivir al diagnóstico de cáncer de recto.

Cuando me diagnosticaron, salía con el hombre que acabó siendo mi marido. Por aquel entonces, no hablábamos de conservar la fertilidad ni de formar una familia.

Ni siquiera se me pasó por la cabeza pensar en preservar mi fertilidad porque estaba en modo «supervivencia», pensando: «Empecemos el tratamiento mañana mismo». No quería esperar.

En aquel momento no pensaba en tener hijos en el futuro, pero me alegro de que mi equipo médico me hablara de mi futuro y me ayudara a planificarlo.

P: ¿Qué información te dieron sobre la preservación de la fertilidad?

R: Me dijeron que podría reunirme con el equipo de fertilidad poco después de mi diagnóstico. Como mi familia no vivía cerca, una amiga me acompañó a la cita de consulta sobre la preservación de la fertilidad. Pensé que estaría bien que alguien me acompañara para hacerme compañía.

No pensaba que la cita fuera a ser complicada, pero lo fue. A pesar de mi experiencia como enfermera y de mis amplios conocimientos médicos, resultó ser un reto inesperado. Sentí como si mi mundo se hubiera puesto patas arriba.

El especialista de allí me lió aún más la cabeza porque yo era una paciente de cáncer de 24 años a la que acababan de diagnosticar, y me dieron lo que me parecieron demasiadas opciones. No sabía qué era lo mejor para mí, y quería que me dijeran qué era lo mejor para mí.

Me dieron varias opciones:

  • Congelar mis óvulos
  • La extirpación de un ovario completo, que en aquel momento era un procedimiento experimental, pero me sentí muy presionada para optar por esa opción
  • Salí de esa reunión confundida y llorosa. No sabía qué hacer. Además, no quería retrasar el tratamiento.
Volví a ver a mi oncólogo radioterapeuta. Me dijo que la quimioterapia no afectaría gravemente a mis ovarios, pero que la radioterapia sí. Me sugirió una transposición ovárica: una operación para sacar los ovarios de la pelvis y acercarlos al abdomen y a los riñones, fuera del campo de la radiación.

Me pareció que era la mejor opción, así que me derivó a un ginecólogo-oncólogo que me hizo esa operación.

En circunstancias normales, habría tenido una consulta previa a la operación en la que habría conocido al cirujano, me habrían explicado la intervención y luego habría tenido la oportunidad de hacer preguntas. No tuvimos tiempo para nada de eso.

En tan solo 20 días, me diagnosticaron la enfermedad, me operaron para hacerme una transposición ovárica, me colocaron un catéter y empecé con la quimio.

P: ¿Qué te llevó a recurrir a la fecundación in vitro para formar una familia?

R: Para empezar, quiero advertirte: nunca vayas solo a las citas. Siempre es bueno tener a alguien más que te escuche y haga preguntas.

Mi historia con la FIV es interesante.

Mientras estaba en tratamiento, siempre había pensado que podría tener hijos de forma natural, ya que la transposición ovárica se revertiría una vez que terminara el tratamiento.

Pero no fue así.

FIV tras un cáncer colorrectal En 2014 me enteré de que, una vez realizada la cirugía de transposición ovárica, ya no había vuelta atrás. Era irreversible. Debido a la cirugía, tendríamos que recurrir a la fecundación in vitro para tener hijos.

Mi tratamiento terminó en agosto de 2012. Mi marido y yo nos casamos en junio de 2015 y, unos seis meses después, empezamos a hablar con nuestro médico, ya que sabíamos que necesitábamos una FIV para formar una familia.

La primera vez que tomé los medicamentos para estimular mis ovarios, cada vez que me hacían una ecografía para controlar el crecimiento de los folículos, solo conseguían ver mi ovario derecho. El ovario derecho no estaba respondiendo muy bien a los medicamentos. No había muchos folículos disponibles.

Aun así, intentaron la extracción de óvulos. En ese momento, los médicos pensaban que todavía podían extraerme los óvulos por vía vaginal.

La doctora entró para extraerme los óvulos y dijo que le parecía como si estuviera metiendo la aguja a través de una pared.

Mi ovario estaba así de duro.

Después de esa intervención, tuve el peor dolor abdominal que he sentido en toda mi vida, y al final tuve que ir a urgencias.

Mi médico me volvió a citar al día siguiente para hacerme una ecografía, y recuerdo que, mientras me la hacían, mi marido preguntó: «¿Qué ha sido eso?».

El técnico de radiología respondió: «Ese es su riñón».

Mi marido respondió: «No, eso parece un ovario». El técnico salió de la sala a buscar al médico.

Como estábamos pasando por este proceso y me hacían muchas ecografías, mi marido y yo sabíamos cómo era un ovario con muchos folículos. El médico entró y dijo: «Sí. Ese es tu ovario, ahí en tu espalda».

Tuvimos que volver a pasar por todo el proceso de FIV porque los óvulos que sacaron de ese ovario duro como una piedra no se desarrollaron. Los médicos creen que el ovario derecho se había desprendido del músculo oblicuo, cayó dentro del campo de radiación y quedó expuesto a la radiación.

En la segunda extracción de óvulos, el médico accedió por mi lado izquierdo y extrajo óvulos de mi ovario izquierdo. Al final, obtuvimos un embrión viable. Solo hace falta un embrión para tener un bebé.

P. ¿Cómo ha sido tu experiencia con la fecundación in vitro?

R: Mi experiencia fue más o menos así:

  • Los médicos sacaron mi único embrión y me lo implantaron en el útero.
  • Para quedarte embarazada, el embrión tiene que «implantarse». A mí me pasó eso.
  • La siguiente fase consiste en asegurarnos de que los niveles hormonales sigan subiendo. Los médicos controlaban mis hormonas constantemente.
  • Mientras tanto, te hacen una ecografía para comprobar que hay latido cardíaco.
  • Siempre había una «siguiente fase». Siempre había otro paso.
Por suerte, la FIV nos salió bien. Mi pequeño, Sam, tiene 7 años y nació en enero de 2017.

Sabíamos que queríamos tener más hijos, pero ya no nos quedaban embriones, así que tuvimos que repetir todo el proceso de extracción de óvulos unos años más tarde. De esa extracción, obtuvimos dos embriones. El primer embrión es mi pequeño Luke, que ahora tiene 4 años. Nació en julio de 2019.

Nos quedaba un embrión. En septiembre de 2021, me lo implantaron y tuve un aborto espontáneo.

P: ¿Te sentiste alguna vez frustrada o desanimada durante tus procesos de FIV?

R: Sí. 100%.

Creo que, cuando estás pasando por el proceso de la FIV, la gente piensa: «Vaya, esa chica tiene 10 óvulos. Eso son 10 hijos que podría tener».

La FIV se considera «exitosa» cuando te quedas embarazada con ese embrión.

Pero esa no era mi forma de medir el éxito, porque ese no era el final de mi camino. Siempre decía que nunca sería feliz hasta tener un bebé en mis brazos.

P: Ahora que lo piensas bien, ¿hay algo que te hubiera gustado hacer de otra manera?

R: Sí. Si pudiera volver atrás, habría congelado mis óvulos y luego me habría hecho la cirugía de transposición ovárica, porque más adelante tuve algunos problemas.

Ojalá me hubiera congelado los óvulos, porque, mirándolo ahora, la quimioterapia y la radioterapia me afectaron los ovarios. Como mi ovario había quedado dentro del campo de radiación, dejó de funcionar. Así que me quedé con un solo ovario. Las mujeres nacen con todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida. Aunque todavía tenía un ovario que funcionaba, en mi opinión, habría sido mejor contar con óvulos que no hubieran recibido quimioterapia. Esto se habría podido hacer si hubiera congelado mis óvulos antes de recibir la quimioterapia.

Nos costó mucho conseguir embriones de calidad. Tuvimos que hacer tres extracciones de óvulos para conseguir tres embriones genéticamente normales, dos de los cuales tuvieron éxito. En un mundo ideal, una persona se sometería a una sola extracción de óvulos, obtendría varios óvulos y podría utilizarlos para crear varios embriones. Por eso creo que habría sido útil hacerme una extracción de óvulos antes de empezar la quimioterapia.

P: ¿Te ha hablado tu equipo médico de los efectos a largo plazo del tratamiento?

R: Aunque mi oncólogo radioterapeuta me dijo que la radioterapia sería devastadora para mis ovarios, que yo recuerde, no me contaron absolutamente nada sobre los efectos a largo plazo del tratamiento. Si se habló de ello, no lo recuerdo porque estaba en esa «confusión típica de cuando te acaban de diagnosticar cáncer».

No me dijeron que la radioterapia afectaría a mi capacidad para llevar un embarazo a término, pero mi cirujano colorrectal insistió mucho en que no diera a luz por vía vaginal. Por eso, decidimos que me hicieran una cesárea. Los médicos pensaban que el aumento de presión durante el parto podría romper la zona donde me habían operado antes en el recto, lo que me provocaría incontinencia de por vida. Además, creo que hay una relación entre el tratamiento con radioterapia y el hecho de que mis hijos nacieran antes de la fecha prevista para la cesárea.

Por lo demás, no tengo muchos efectos secundarios a largo plazo. Mi mayor problema es la disfunción del suelo pélvico que me quedó tras la operación. Claro que sí que tengo algo de ansiedad por si me sale un cáncer secundario o una recaída.

Hace poco me puse en contacto con un amigo que es oncólogo radioterapeuta y le expliqué que nunca me habían dicho cuáles eran mis dosis de radioterapia ni cuáles podrían ser los efectos a largo plazo.

Me explicó con detalle cómo iba a ser mi tratamiento de radioterapia. Me dijo que mi útero y mi vejiga estaban justo en el campo de irradiación y que eran los órganos más afectados.

P: ¿Cubría el seguro la fecundación in vitro?

R: Trabajo en un hospital y tengo la suerte de que mi seguro cubra hasta 10 000 dólares en total a lo largo de toda la vida. La mayoría de las empresas no ofrecen cobertura para tratamientos de fertilidad.

Cuando hablamos de tratamientos de fecundación in vitro, el dinero se va volando.

Buscando el lado positivo de la situación, Livestrong se hizo cargo de los medicamentos, como las inyecciones necesarias para estimular los ovarios. Los medicamentos para estimular los ovarios consistían en varias inyecciones, parches de estrógeno, comprimidos de estrógeno y comprimidos de progesterona. Estos medicamentos se supervisaban, medían y ajustaban constantemente en función de mis resultados de laboratorio y del tamaño y la cantidad de folículos. Livestrong cubre ciertos medicamentos, y nuestro endocrinólogo reproductivo tenía otros que prefería usar. Aunque Livestrong no pagó todos mis medicamentos, sí que pagó algunos.

Llevaba un recuento de cuánto nos costaba la FIV, que rondaba entre los 17 000 y los 20 000 dólares de nuestro bolsillo por cada hijo.

En cuanto al seguro y a los partos: mi equipo médico me recomendó cesáreas programadas. Mi seguro médico no me autorizaba la cesárea hasta que llegara a las 38 semanas, pero ninguno de mis embarazos llegó a la fecha prevista. Ambos fueron cesáreas de urgencia.

Tuve a Sam a las 37 semanas. Me puse de parto con Luke a las 35 semanas y seis días. Como di a luz a Luke pasada la medianoche, técnicamente lo hice a las 36 semanas (unos 8 meses y medio).

P: ¿Qué consejo les darías a otras supervivientes de cáncer colorrectal que están pensando en someterse a una fecundación in vitro y tener hijos propios después del tratamiento?

R: Piensa en la preservación de la fertilidad y en tu futuro.

Mirando atrás, mi salud y salvarme la vida eran lo más importante. Pero es importante pensar en la vida después del cáncer y tener esperanza en ella.

Para mí, los procedimientos de preservación de la fertilidad son como los planes de seguro: están ahí por si los necesitas y, con suerte, nunca los necesitarás. Pero siempre viene bien tener un plan B.

P: ¿Cuáles son tus esperanzas y sueños para el futuro?

R: Espero que descubramos por qué a tantos jóvenes y adolescentes les diagnostican cáncer colorrectal a una edad tan temprana

FIV tras un cáncer colorrectalMi sueño es que todos y cada uno de los pacientes con cáncer, sin importar el diagnóstico ni la edad, puedan recibir asesoramiento sobre la preservación de la fertilidad.

Ahora mismo formo parte del equipo de preservación de la fertilidad del hospital infantil de mi ciudad, y hay opciones de preservación de la fertilidad tanto para hombres como para mujeres a partir de los 6 meses de edad.

Mi deseo es criar a unos niños pequeños felices y sanos, que, por desgracia, tendrán que hacerse su primera colonoscopia a los 14 años, 10 años antes de lo que me la hicieron a mí.

Aunque todavía no se lo he contado, creo que saber es poder, así que voy a hacer todo lo que pueda para asegurarme de que no tengan que pasar por lo mismo que yo.

P: ¿Hay recursos disponibles para formar una familia después de haber superado un cáncer?

R: Hay algunos programas y recursos disponibles que pueden ayudarte. Algunos programas (como la beca «SAMFund Family Building Grant» de la Fundación Expect Miracles) solo aceptan solicitudes durante un breve periodo de tiempo.

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