Un ensayo clínico es una forma de mejorar las opciones de tratamiento del cáncer colorrectal. Pero los pacientes —y también sus médicos— pueden pensar que los ensayos clínicos son un último recurso en el tratamiento y que hay que estar en estadio IV para poder participar. Maia Walker, la coordinadora principal del buscador de ensayos clínicos «Fight CRC», desmonta los principales mitos sobre los ensayos clínicos.
Mito: Un ensayo clínico es el último recurso en el tratamiento.
Este es uno de los peores mitos que hay: «Los ensayos clínicos son el último recurso». Empieza a buscar ensayos clínicos lo antes posible, nada más recibir el diagnóstico de cáncer. Hay ensayos clínicos para quienes acaban de recibir el diagnóstico; para quienes están a punto de empezar la primera línea de tratamiento; para quienes ya están en la tercera línea de tratamiento; desde el estadio I hasta el IV. Además, hay ensayos clínicos que no ofrecen un tratamiento activo para la enfermedad, pero que pueden aliviar los efectos secundarios de los tratamientos o ayudar a los familiares a comprobar si tienen un riesgo mayor. ¡Esos son increíblemente importantes!
Sé proactivo: ¡Busca ensayos clínicos incluso cuando creas que no son necesarios!
Los ensayos clínicos pueden ser tu oportunidad de recibir un tratamiento que está a punto de ser aprobado. Para los pacientes con el tipo más común de cáncer colorrectal (MSS), los ensayos clínicos les permiten recibir nuevos tratamientos del campo emergente de la inmunoterapia para el cáncer colorrectal. La inmunoterapia tiene el potencial de provocar respuestas duraderas, aunque de momento solo una minoría de pacientes responda a ella.
Un buen momento para buscar ensayos clínicos es cuando la quimioterapia está dando resultados, el tratamiento se mantiene estable y los tumores están disminuyendo, y ya has aprendido a lidiar con los efectos secundarios.
La NCCN te explica las diferentes opciones de tratamiento estándar según el estadio y el tipo de cáncer que tengas. Esto te ayudará a determinar los posibles tratamientos que tienes a tu disposición. A medida que vayas conociendo las opciones que tienes a tu disposición, podrás plantearte participar en ensayos clínicos para responder a preguntas como «¿Qué tratamiento debería plantearme en el futuro?» o incluso «¿Qué ensayos clínicos podrían ayudarme a mejorar mi calidad de vida como superviviente?».
Las investigaciones demuestran que llevar un estilo de vida saludable puede reducir el riesgo de padecer cáncer colorrectal, disminuir el riesgo de que el cáncer colorrectal vuelva a aparecer (recidiva) e incluso ayudarte a prepararte para una operación de cáncer colorrectal. En este sentido, hay ensayos clínicos que siguen investigando cómo el ejercicio puede ayudar a prevenir el cáncer colorrectal, aliviar los efectos secundarios de los tratamientos, influir positivamente en el sistema inmunitario de los pacientes en NED (sin evidencia de enfermedad), etc.
Los ensayos clínicos no solo sirven para tratar la enfermedad en sí, sino también para mejorar la calidad de vida de los supervivientes. Por ejemplo, algunos estudios de investigación reclutan a pacientes para ayudarles a controlar los efectos secundarios que pueden alterar considerablemente tanto su vida sexual como su fertilidad. ¡Todos estos ensayos no son en absoluto intervenciones de «último recurso»!
Mito: En los ensayos clínicos hay un grupo al que se le administra un placebo, lo que puede provocar que su cáncer y sus síntomas empeoren.
Cuando en un ensayo clínico se utilizan placebos (un tratamiento que no es real, ya sea una pastilla o una inyección), es fundamental tener en cuenta que los participantes siguen recibiendo el tratamiento estándar. En otras palabras, como mínimo, los participantes reciben todos los tratamientos que recibirían si no estuvieran participando en un ensayo clínico. No se usan placebos en ensayos clínicos en los que los voluntarios podrían sufrir daños si no recibieran un tratamiento médico real para su afección.
El objetivo de los ensayos clínicos es evaluar la seguridad y la eficacia de los tratamientos o dispositivos; su finalidad es mejorar la salud y la calidad de vida de los participantes y respetar el principio ético de no causar daño.
Mito: Los ensayos clínicos son sesgados.
A veces surge la preocupación o el miedo de que a las personas de color se les administren placebos, mientras que a una persona blanca se le daría el medicamento «real» del ensayo clínico; pero ten por seguro que los ensayos clínicos no funcionan así.
Como cada persona puede vivir la misma enfermedad de forma diferente, es muy importante incluir a personas con experiencias y condiciones de vida diversas, así como con características como la raza, el origen étnico y la edad, para que todas las comunidades se beneficien de los avances científicos de los ensayos clínicos.
La diversidad, la equidad y la inclusión también implican incluir a personas con comportamientos que se perciben como «saludables» o «no saludables», así como a aquellas con determinadas condiciones ambientales, variaciones genéticas, ascendencia geográfica o problemas médicos subyacentes.
Desde la creación de los comités de ética para garantizar que se sigan los protocolos y que las organizaciones actúen de forma ética y cumplan con la normativa, pasando por una ley de 1993 destinada a incluir a las mujeres y a las personas pertenecientes a minorías raciales y étnicas en la investigación clínica, se han dado grandes pasos para garantizar que toda la población tenga acceso a los ensayos clínicos.
Un grupo amplio y variado de participantes enriquecerá los ensayos clínicos al aportar resultados del mundo real.
Mito: Muchos participantes mueren en los ensayos clínicos.
En primer lugar, es fundamental entender que, aunque los ensayos clínicos conllevan riesgos, también ofrecen beneficios. Por ejemplo, imagina que un paciente no responde a los tratamientos actuales, pero los posibles efectos secundarios del tratamiento del ensayo clínico le dan miedo y le preocupan. En este caso, ese mismo paciente puede decidir que los riesgos de probar un ensayo clínico son menores que los de esperar a que otra opción viable de tratamiento contra el cáncer colorrectal se haga realidad.
Por desgracia, los ensayos clínicos no siempre dan lugar a hallazgos que salven vidas. Sin embargo, la gente participa en ellos también por el bien común. Puede que su vida no se haya alargado ni se haya salvado gracias a su participación en un ensayo clínico, pero cada ensayo aporta resultados que contribuyen a la investigación y la enriquecen. La gente participa para aportar su granito de arena y ayudar a otras personas con cáncer colorrectal.
Mito: Es imposible participar en un ensayo clínico.
Aunque no es imposible participar en un ensayo clínico, puede resultar complicado, sobre todo porque la mayoría de nosotros no somos investigadores de profesión. Hasta que te diagnostican un cáncer colorrectal, la mayoría de la gente no necesita saber nada sobre los ensayos clínicos.
El buscador de ensayos clínicos de «Fight Colorectal Cancer» hace que buscar ensayos clínicos sea más fácil y más accesible para los pacientes.
Ten en cuenta que, aunque no es imposible encontrar ensayos clínicos, puede resultar complicado, ya que suelen tener un plazo de inscripción limitado. Esto significa que hay que ser constante y seguir buscando opciones de ensayos clínicos continuamente.
Hay ensayos clínicos en los que los pacientes pueden participar antes de que se les diagnostique un cáncer en estadio IV o incluso cuando ya no se detecten signos de la enfermedad. Muchos de estos ensayos clínicos tienen como objetivo investigar formas de mejorar la calidad de vida de los supervivientes de cáncer colorrectal.
Mito: Una vez que te has apuntado a un ensayo clínico, no puedes dejarlo.
La participación en el ensayo clínico es totalmente voluntaria. Antes de unirte, firmarás un consentimiento informado, que es un documento detallado con toda la información sobre el ensayo. Puedes retirarte del ensayo en cualquier momento, si así lo decides.
El objetivo de los ensayos clínicos es mejorar el tratamiento del cáncer para que la gente pueda vivir más tiempo. Los investigadores y los médicos siguen unas directrices estrictas para proteger a los participantes en los ensayos, al tiempo que recopilan información para evaluar los protocolos médicos, los tratamientos y los dispositivos médicos. Lo hacen para averiguar si estas nuevas intervenciones funcionan y si son seguras.

