En verano de 2019, noté sangre en las heces. Inmediatamente acudí a mi médico de atención primaria y me aseguró que era demasiado joven para otra cosa que no fueran hemorroides rectales. Meses después, todavía con síntomas, mi padre (endocrinólogo jubilado) me dijo que mi abuela había muerto de cáncer de colon y que necesitaba una colonoscopia inmediatamente.

A las pocas semanas me hicieron la colonoscopia y supe que tenía un cáncer colorrectal en estadio IV que se había extendido al hígado.

En pocas semanas, la radiación, la quimioterapia y la planificación de varias operaciones eran mi nueva realidad. Tras una exitosa trisección hepática y un procedimiento de ileostomía, me extirparon los tumores rectales y hepáticos, y continúo libre de cáncer. Hace poco, me detectaron unos nódulos muy pequeños en los pulmones, lo que hace necesaria la quimioterapia continua, la posibilidad de inscribirme en un ensayo clínico y las citas periódicas con el médico. Por ahora, la lucha continúa.

 

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