Me derivó mi médico de cabecera porque estaba en el rango de edad, pero no presentaba ningún signo. Me hice la prueba fecal y salió preocupante, así que el médico que me había asignado me hizo una colonoscopia. Es el día que nunca olvidaré, estaba allí con mi segunda hija mayor cuando el médico me dio la noticia. Ella estaba llorando, pero yo estaba tranquila porque sabía que la reacción que tuviera marcaría el futuro de mi lucha contra el cáncer.

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