Mi padre falleció en 2008 de un cáncer colorrectal en estadio IV con sólo 50 años, dejándonos atrás a mi madre, mi hermana y a mí. Antes del cáncer, era fuerte, atlético y lleno de vida. Le encantaba pescar, el baloncesto, la música y las barbacoas familiares. Todo cambió cuando notó sangre en las heces, pero decidió esperar a su próxima revisión de los 50 años. Cuando acudió al médico, ya era demasiado tarde. Tras una operación y nueve meses de lucha, perdió la batalla. Honramos su legado aumentando la concienciación, para que otros no se enfrenten a la misma pérdida. El cáncer colorrectal se puede prevenir; necesitamos más investigación, educación y detección precoz.

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