Los opiáceos (derivados naturales de la planta de adormidera) y los opioides (derivados naturales o creados en laboratorio) se obtienen directamente de la planta de adormidera o se sintetizan para imitar las sustancias químicas que la adormidera produce de forma natural. Los opiáceos, especialmente la morfina, se han considerado históricamente el «patrón oro» para el tratamiento del dolor, pero, como todos los medicamentos, los opiáceos conllevan diversos efectos secundarios.
En las noticias se habla con frecuencia del potencial adictivo de los opiáceos, y es cierto que pueden crear hábito y que es difícil dejar de tomarlos. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que es improbable que los pacientes con cáncer que toman opiáceos recetados (según lo prescrito) se vuelvan físicamente dependientes de los fármacos. Si tienes antecedentes de abuso de sustancias, informa a tu médico antes de empezar un régimen de opiáceos para el tratamiento del dolor.