En 2011, a la edad de 45 años, me desperté de una operación y me dijeron que tenía cáncer colorrectal en estadio 3B. La quimioterapia fue un éxito y pude pasar 4 años sin cáncer; sin embargo, las pruebas genéticas confirmaron que era positiva al Síndrome de Lynch con una mutación MSH2, lo que me permitió detectar otros dos cánceres en fases tempranas.

Hoy no tengo cáncer. Sigo avanzando en el proceso de toda una vida de curación, control, defensa y adaptación a las realidades emocionales y físicas de la supervivencia. Lo que más llevo ahora es gratitud, fortaleza y una sensación de claridad. El cáncer me ha puesto a prueba más de una vez, pero también ha agudizado mi propósito: concienciar, empoderar a los demás y recordar a cada paciente que su voz, sus instintos y su historia importan de verdad.

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