La espiritualidad y el cáncer colorrectal
Cuando te diagnostican cáncer colorrectal, no solo te enfrentas a una crisis médica, sino que todo aquello que da sentido a tu vida se ve trastocado. Tus relaciones cambian. Tu sentido de la vida se tambalea. Tus creencias, incluso aquellas en las que has confiado durante años, pueden parecer de repente inestables.
No son cuestiones secundarias. Son fundamentales para cómo la gente afronta las cosas, se recupera, conecta con los demás y toma decisiones.
Son cuestiones espirituales, aunque no te consideres «espiritual» o «religioso».
Para profundizar en este aspecto tan humano del cáncer, hemos hablado con el capellán Michael Eselun, BCC, del Centro Simms/Mann de Oncología Integrativa de la UCLA. Su trabajo se centra en ayudar a los pacientes y a sus familias a afrontar el malestar espiritual, encontrar un sentido a la situación y mantenerse conectados con aquello que les hace sentir más vivos durante el tratamiento contra el cáncer.
Esta guía recoge las ideas más importantes de esa conversación y las presenta en un recurso claro y accesible para cualquier persona afectada por el cáncer colorrectal.
Si el cáncer te ha hecho plantearte qué sentido tiene tu vida ahora, estás en el lugar adecuado.
Qué significa la espiritualidad cuando tienes cáncer
La espiritualidad no tiene que ver con doctrinas ni normas. Se trata de aquello que te «da vida»: las cosas que te dan fuerzas y te ayudan a sentirte tú mismo. Por ejemplo:
- Familia
- La fe o la oración
- La naturaleza, la música o el arte
- Comunidad y relaciones
- Trabajo o propósito
- Una sensación de conexión con algo más grande
El cáncer puede alterar estos puntos de referencia. Cuando aquello que antes te daba estabilidad te parece lejano o inalcanzable, eso es angustia espiritual.
Cuando te toca el cáncer, esas fuentes de vida pueden parecer amenazadas o inalcanzables:
- El corredor que ahora mismo no puede correr.
- El padre o la madre que se siente tan agotado que no puede criar a sus hijos como le gustaría.
- Esa persona de fe que, de repente, empieza a dudar de todo lo que creía.
Esa crisis —cuando lo que antes le daba sentido a la vida ya no te parece algo seguro ni al alcance— es angustia espiritual.
Cómo el cáncer puede provocar angustia espiritual
Un diagnóstico de cáncer puede hacerte plantearte preguntas profundas que quizá no te esperabas, como:
- ¿Por qué yo?
- Siempre he intentado ser una buena persona. ¿Cómo puede ser esto justo?
- ¿Hay alguna razón por la que esté pasando esto?
- ¿En qué creo ahora?
La angustia espiritual puede manifestarse y sentirse así:
- cuestionar creencias o la fe arraigadas desde hace tiempo
- sentirse abandonado, castigado o señalado
- sentirse culpable por haberse puesto enfermo
- sentirte desconectado de ti mismo, de tu comunidad o de tu propósito
- sentir que la vida se ha dividido en «antes del cáncer» y «después del cáncer»
Esto no es debilidad. Es una reacción humana ante un cambio radical en tu vida.
La duda no es un fracaso. Es parte del camino.
Muchas personas a las que les han diagnosticado cáncer colorrectal dicen cosas como:
- «Creía que creía en el cielo, pero ahora ya no estoy tan seguro».
- «Siempre he confiado en Dios, pero esto no me cuadra».
- «Antes tenía claro lo que pasa después de morir. Ahora tengo miedo y estoy confundido».
La duda no es lo contrario de la fe.
Lo contrario de la fe es una certeza rígida que nunca se flexibiliza ni se cuestiona.
La duda puede ser:
- una señal de que tus creencias están cambiando
- una respuesta sincera ante el sufrimiento real
- una puerta hacia una espiritualidad más profunda y sincera
No hay ningún «nivel» espiritual que tengas que alcanzar mientras vives con cáncer. No estás fallando a tu fe —ni a tus valores— por tener dudas.
No me digas cómo coño tengo que sentirme
Los pacientes y supervivientes de cáncer colorrectal suelen escuchar comentarios como: «mantén una actitud positiva», «vaya, tienes buen aspecto» y «no te preocupes, todo irá bien». Aunque partan de buenas intenciones, estos comentarios pueden generar incertidumbre sobre cómo expresar tus verdaderos sentimientos. Como dice Jana con tanta elocuencia en este episodio: está bien sentirse mal, está bien tener miedo y está bien enfadarse; de hecho, intentar ocultar esas emociones no siempre es una buena idea.
La angustia espiritual también afecta a los cuidadores y a las familias
El cáncer no solo le pasa a una persona. Le pasa a todos los que la rodean.
Los cuidadores suelen decirse a sí mismos:
- «No tengo derecho a enfadarme. No soy yo quien tiene cáncer».
- «Tengo que ser fuerte. Mi trabajo es mantener la compostura».
- «Mis sentimientos son egoístas. Debería limitarme a estar agradecido por poder ayudar».
Esta forma de pensar puede agravar el malestar espiritual y emocional.
Los cuidadores también se merecen apoyo.
Un diagnóstico de cáncer puede cambiar:
- roles en la familia
- presiones económicas
- intimidad y comunicación
- cómo se ven a sí mismos los cuidadores y cómo ven su futuro
A menudo, los pacientes desearían que sus seres queridos se abrieran más, en lugar de menos. Las emociones sinceras crean cercanía. Fingir que todo va bien crea distancia.
Todos los que forman parte del sistema —pacientes, parejas, padres, niños, amigos— necesitan un lugar donde se les escuche y se les tenga en cuenta.
Qué significa la espiritualidad cuando tienes cáncer
La espiritualidad no tiene que ver con doctrinas ni normas. Se trata de aquello que te «da vida»: las cosas que te dan fuerzas y te ayudan a sentirte tú mismo. Por ejemplo:
- Familia
- La fe o la oración
- La naturaleza, la música o el arte
- Comunidad y relaciones
- Trabajo o propósito
- Una sensación de conexión con algo más grande
El cáncer puede alterar estos puntos de referencia. Cuando aquello que antes te daba estabilidad te parece lejano o inalcanzable, eso es angustia espiritual.
Cuando te toca el cáncer, esas fuentes que te dan vida pueden parecer amenazadas o inalcanzables:
- El corredor que ahora mismo no puede correr.
- El padre o la madre que se siente tan agotado que no puede criar a sus hijos como le gustaría.
- Esa persona de fe que, de repente, empieza a dudar de todo lo que creía.
Esa crisis —cuando lo que antes le daba sentido a la vida ya no te parece algo seguro ni al alcance— es angustia espiritual.
Cómo el cáncer puede provocar angustia espiritual
Un diagnóstico de cáncer puede hacerte plantearte preguntas profundas que quizá no te esperabas, como:
- ¿Por qué yo?
- Siempre he intentado ser una buena persona. ¿Cómo puede ser esto justo?
- ¿Hay alguna razón por la que esté pasando esto?
- ¿En qué creo ahora?
La angustia espiritual puede manifestarse y sentirse así:
- cuestionar creencias o la fe arraigadas desde hace tiempo
- sentirse abandonado, castigado o señalado
- sentirse culpable por haberse puesto enfermo
- sentirte desconectado de ti mismo, de tu comunidad o de tu propósito
- sentir que la vida se ha dividido en «antes del cáncer» y «después del cáncer»
Esto no es debilidad. Es una reacción humana ante un cambio radical en tu vida.
La duda no es un fracaso. Es parte del camino.
Muchas personas a las que les han diagnosticado cáncer colorrectal dicen cosas como:
- «Creía que creía en el cielo, pero ahora ya no estoy tan seguro».
- «Siempre he confiado en Dios, pero esto no me cuadra».
- «Antes tenía claro lo que pasa después de morir. Ahora tengo miedo y estoy confundido».
La duda no es lo contrario de la fe.
Lo contrario de la fe es una certeza rígida que nunca se flexibiliza ni se cuestiona.
La duda puede ser:
- una señal de que tus creencias están cambiando
- una respuesta sincera ante el sufrimiento real
- una puerta hacia una espiritualidad más profunda y sincera
No hay ningún «nivel» espiritual que tengas que alcanzar mientras vives con cáncer. No estás fallando a tu fe —ni a tus valores— por tener dudas.
No me digas cómo coño tengo que sentirme
Los pacientes y supervivientes de cáncer colorrectal suelen escuchar comentarios como: «mantén una actitud positiva», «vaya, tienes buen aspecto» y «no te preocupes, todo irá bien». Aunque partan de buenas intenciones, estos comentarios pueden generar incertidumbre sobre cómo expresar tus verdaderos sentimientos. Como dice Jana tan bien en este episodio: está bien sentirse mal, está bien tener miedo y está bien enfadarse; de hecho, intentar ocultar esas emociones no siempre es la mejor idea.
La angustia espiritual también afecta a los cuidadores y a las familias
El cáncer no solo le pasa a una persona. Le pasa a todos los que la rodean.
Los cuidadores suelen decirse a sí mismos:
- «No tengo derecho a enfadarme. No soy yo quien tiene cáncer».
- «Tengo que ser fuerte. Mi trabajo es mantener la calma».
- «Mis sentimientos son egoístas. Debería limitarme a estar agradecido por poder ayudar».
Esta forma de pensar puede agravar el malestar espiritual y emocional.
Los cuidadores también se merecen apoyo.
Un diagnóstico de cáncer puede cambiar:
- roles en la familia
- presiones económicas
- intimidad y comunicación
- cómo se ven a sí mismos los cuidadores y cómo ven su futuro
Los pacientes suelen desear que sus seres queridos se abran más, no menos. Las emociones sinceras crean cercanía. Fingir que todo va bien crea distancia.
Todos los que forman parte del sistema —pacientes, parejas, padres, niños, amigos— necesitan un lugar donde se les escuche y se les tenga en cuenta.
Dejar atrás el mito de la justicia
Mucha gente cree, en el fondo, que si se comporta bien, la vida será justa. El cáncer pone a prueba esa creencia, a menudo de forma dolorosa. Parte de la forma de afrontarlo desde el punto de vista espiritual consiste en reconocer que:
- La vida es impredecible
- el sufrimiento no es un castigo
- La enfermedad no dice nada de tu valía ni de tus decisiones
Esto no hace que el dolor sea menor, pero sí que puede abrir la puerta a nuevas perspectivas.
¿Es cierto que «todo pasa por algo»?
A algunas personas les reconforta creer que hay una razón detrás de su cáncer. A otras, esa idea les resulta confusa o dolorosa.
No hay una interpretación correcta.
Puedes creer que hay una razón.
Puedes creer que la vida es aleatoria.
Puedes no estar seguro.
El significado suele revelarse poco a poco, no cuando tú quieres.
Eres mucho más que tu cáncer
Puede que te parezca que el cáncer se ha apoderado de tu vida, pero sigues siendo tú mismo. Tus preocupaciones, tus relaciones, tus alegrías y tus decepciones no desaparecen por el hecho de estar en tratamiento.
Estás en:
- más que tu diagnóstico
- más que tu miedo
- más que tu momento más difícil
El apoyo espiritual te ayuda a volver a conectar con esas partes de ti mismo que sientes que se han perdido o que han quedado eclipsadas.
¿Es cierto que «todo pasa por algo»?
A algunas personas les reconforta creer que hay una razón detrás de su cáncer. A otras, esa idea les resulta confusa o dolorosa.
No hay una interpretación correcta.
Puedes creer que hay una razón.
Puedes creer que la vida es aleatoria.
Puedes no estar seguro.
El significado suele revelarse poco a poco, no cuando tú quieres.
Eres mucho más que tu cáncer
Puede que te parezca que el cáncer se ha apoderado de tu vida, pero sigues siendo tú mismo. Tus preocupaciones, tus relaciones, tus alegrías y tus decepciones no desaparecen por el hecho de estar en tratamiento.
Estás en:
- más que tu diagnóstico
- más que tu miedo
- más que tu momento más difícil
El apoyo espiritual te ayuda a volver a conectar con esas partes de ti mismo que sientes que se han perdido o que han quedado eclipsadas.
Preguntas para ayudarte a reflexionar
Estas preguntas pueden ayudarte a aclarar tus ideas:
- ¿Qué es lo que le da sentido a mi vida ahora mismo?
- ¿Qué te parece incierto o inestable?
- ¿Quién me escucha de verdad?
- ¿Con qué valores quiero seguir conectado?
- ¿Qué cosas me ayudan a sentirme más centrado?
Tus respuestas pueden cambiar con el tiempo; eso es normal.

